Y es que anoche al vomitarlo todo en la esquina donde te solía abrazar, una voz me preguntó al oído por qué doblé mi vida al alemán. Y un segundo antes de dormirme me sorprendo intentando perdonarme.
Aunque nunca tengas la razón me obligas a perdir perdón. Cuando me aprieta el bañador me empujas a una doble vida de aventuras submarinas, duermes como un tiburón.